lunes, 24 de junio de 2013
...578 o ¿es que los gorditos no hacen running?
...578
Una rutina que hace feliz. Recoger al resto del equipo, cantar por el camino, tomar contacto con la población en la que se compite. El ambiente siempre es bueno; no queda otra para romper el hielo incrustado en los nervios.
¿Ya estoy corriendo?
Sí. ¿Temperatura? Uff. ¿Pasado de entrenos? Uff, uff. ¿Dolores de rodilla? Argggg.
El XX Cross de La Puebla arranca y en seguida nos guían hacia una inmenso camino de gravilla rodeado de plantaciones de maíz y un bochorno insoportable. Algo me dice que no voy a acabar, llevo toda la semana con dolores de rodilla por un error en el calzado personal; además de que me ha faltado un día de descanso tras dos fantásticos entrenos.
¿Pero es que no corre ningún gordito? No se me malinterprete, pero de un tiempo a ésta parte, solo encuentro gacelas en la línea de salida. Como ya conté, desde pequeño fui un muchacho con sobrepeso y apenas me doy cuenta que sin llegar a ser gacela, con mis 64´5kg voy caminito de parecer un aceptable Ñú.
El caso es que yo iba corriendo ¿no? Voy adelantando poco a poco algunos atletas. Por un error en la salida he vuelto a salir en la parte trasera, por lo que la carrera va colocando a cada uno en su sitio lógico. En el primer kilómetro ya tengo claro que voy a sufrir mucho (quedan 7) y que en la primer paso por meta me paro. Que me importa un carajo, un comino, un pepino. Lo que sea.
Me engancho a algunos corredores que me sirven de liebre durante un par de kilómetros. Pese a que la organización de la carrera hasta ahora no ha sido deslumbrante, los diferentes puntos de avituallamiento líquido saben a gloria.
A partir del primer paso por meta se me escapa la liebre, nunca mejor dicho, y empiezo a correr solo. Ésta vez corro con música y a tramos ayuda. Entonces pienso en un consejo y libro del gran Chema Martínez "No pienses, corre" Y funciona oye. Correr y correr, y me quedan un par de kilómetros pero tengo la sensación de que sean cuatro. Y miro el crono y voy en tiempo de marca personal.
Y punto de inflexión. Intuyo el último kilómetro. Voy sintiéndome más fuerte y me veo con fuerzas de hacer mejor tiempo de lo que tenía pensado. Y en éstas estamos cuando me encuentro con Pedro José Ceballo, corredor del CDRialto y corredor que entreno cada tarde. Lo veo parado, fatigado, mirándose las piernas.
¿Soy el pepito grillo de los corredores de mi equipo? No lo dudo sí. Estamos en esta nuestra cuarta carrera por mí, por mi insistencia cada tarde a entrenar. A unirse y superarse. Me dice que puede seguir por lo cual, se une a mí. Entramos en asfalto de nuevo e intensificamos el ritmo y el factor psicológico. Toca gritarle, darle un par de trucos para Correr y no pensar, como aconseja Chema Martínez.
En ésta tampoco voy a tener foto de meta propia. Ni mejor marca personal. Pero de nuevo, vamos a conseguir algo mucho más importante. Vamos a conseguir superar nuestros límites. Tras siete kilómetros, una voz femenina nos grita que ya estamos en línea de meta. Unos cien metros de sprint, codo con codo. La gente aníma, tal vez intuyen por mis gritos de "vamos Pedro más fuerte" que detrás hay sufrimiento. Un paso feliz por meta. 7,2km en 38´45´´
Y claro tanto va el cántaro a la fuente con no pensar que olvido quitarme las gafas para entrar en meta. Aunque tampoco importa mucho, porque entre organización y mala educación de algunas personas ni hay lugar para fotografías ni para frenar en la meta. Eso sí, no verás ningún corredor molestando, si no... Bueno, hasta ahí puedo escribir.
Finalmente fue un final agridulce. Tanto Pedro como Laura García tuvieron que ser asistidos por la Cruz Roja (de la que tampoco voy a describir alguna experiencia) incluso algún traslado en ambulancia al centro de salud. El atletismo, según las circunstancias, es una situación límite física y mental que si no se respeta y toma en serio puede tener serias consecuencias.
¿La próximas? Ya en Julio. Toca pensar. Entrenar al equipo.
Un fantástico equipo, dicho sea de paso.
Pd: El CDRialto consiguió 19 puntos según la clasificación oficial. Nefatlí Quintana acabó su carrera en Benjamín. Sergio Quintana y Roberto Rosado acabaron 5º y 6º en categoría infantil. En cadetes, Roberto Rosado finalizó en 5º puesto. Pedro J. Ceballo finalizó 6º en categoría junior. Y Mario Quintana, servidor, 42º en categoría absoluta.
miércoles, 19 de junio de 2013
...tus dolores ya los tuve yo!
...cuidarse
A menudo me encuentro con gente que rechaza de principio el running con un simple:
-A mi me duele la espalda.
-Yo es que las rodillas...
Antes de nada, aclarar que yo en particular tengo una escoliosis como nunca se ha visto, intervenida quirurgicamente por cinco aparatosas prótesis de titanio. Si a alguien le debería doler la espalda es a mí. Y no siento dolor, salvo en mis periodos sedentarios en los que el sofá aniquila mis vertebras.
De principio, me ha costado aprender que no soy una persona normal. Pese a no tener dolores, mi espalda es un lastre a la hora de tomar una buena postura de correr. También la fatiga de diversos músculos y asimetrías. Por ello, mi entrenamiento se basa en su mayoría en trote por sensaciones un par de días a la semana y trabajo en bicicleta otras dos jornadas.
Mi mayor error el pasado año fue empezar a entrenar sin una base, por lo cual sumado a mi escoliosis, me causaron problemas en caderas, tobillos y tendón rotuliano. Éste año en contadas ocasiones he sufrido dolor. Intensificar el trabajo de cuadriceps en bicicleta me ha ayudado a mitigar los dolores de rodilla, liberar en parte al tendón rotuliano.
Además de ello, más vale calidad que cantidad en estos casos. Tal vez la pasada temporada fatigaba el cuerpo con hasta cinco días de carrera a la semana. En esta ocasión, trotando mucho menos, mis tiempos son -de largo- mejores.
Cuidarse es un punto a favor.
Si nos duele la espalda en el sedentarismo, lógico y normal es que nos duela los primeros días de carreras hasta que el cuerpo se haga a los impactos y se fortalezca. El mayor dolor es psicológico. No vencerse a sí mismo debería ser mucho más doloroso que cualquier dolencia física.. Cuando alguien con ligeras molestias en la espalda o cualquier parte del cuerpo sin un diagnóstico reconocido me hace sentir de muy mala leche, entonces le enseño mi radiografía y le digo "Puedes". Si se quiere.
Importante tras correr es estirar bien, incluso los días de descanso. Al igual que importante es recuperar los músculos a base de frío. No es necesario hielo, una buena bolsa de guisantes es más que suficiente junto con un poquito de crema para las inflamaciones.
E importante un masaje semanal. No equivocarse, un automasaje de unos diez minutos por pierna es más que suficiente para evitar sobrecargas.
En definitiva he aprendido a cuidarme. Tener que parar una semana de hacer algo que te gusta porque tu cuerpo no lo permite es duro. No saber si lo permitirá es incierto. Pero no saber si nos los permitimos nosotros es triste.
Hoy he corrido unos 8km a un ritmo de cinco minutos y medio de media. A partir de mañana comienzo a tomar un complejo vitamínico hasta el mes de agosto, ya que intensificaré los entrenos en las vacaciones.
Mis tiempos no son destacables. Mi interés por lo que hago e informarme me hace superior al resto en cuanto a felicidad. Correr no es lanzar una pierna tras otra, son ganas de levantarse de la cama cada mañana para superarse a sí mismo.
A correr!
A menudo me encuentro con gente que rechaza de principio el running con un simple:
-A mi me duele la espalda.
-Yo es que las rodillas...
Antes de nada, aclarar que yo en particular tengo una escoliosis como nunca se ha visto, intervenida quirurgicamente por cinco aparatosas prótesis de titanio. Si a alguien le debería doler la espalda es a mí. Y no siento dolor, salvo en mis periodos sedentarios en los que el sofá aniquila mis vertebras.
De principio, me ha costado aprender que no soy una persona normal. Pese a no tener dolores, mi espalda es un lastre a la hora de tomar una buena postura de correr. También la fatiga de diversos músculos y asimetrías. Por ello, mi entrenamiento se basa en su mayoría en trote por sensaciones un par de días a la semana y trabajo en bicicleta otras dos jornadas.
Mi mayor error el pasado año fue empezar a entrenar sin una base, por lo cual sumado a mi escoliosis, me causaron problemas en caderas, tobillos y tendón rotuliano. Éste año en contadas ocasiones he sufrido dolor. Intensificar el trabajo de cuadriceps en bicicleta me ha ayudado a mitigar los dolores de rodilla, liberar en parte al tendón rotuliano.
Además de ello, más vale calidad que cantidad en estos casos. Tal vez la pasada temporada fatigaba el cuerpo con hasta cinco días de carrera a la semana. En esta ocasión, trotando mucho menos, mis tiempos son -de largo- mejores.
Cuidarse es un punto a favor.
Si nos duele la espalda en el sedentarismo, lógico y normal es que nos duela los primeros días de carreras hasta que el cuerpo se haga a los impactos y se fortalezca. El mayor dolor es psicológico. No vencerse a sí mismo debería ser mucho más doloroso que cualquier dolencia física.. Cuando alguien con ligeras molestias en la espalda o cualquier parte del cuerpo sin un diagnóstico reconocido me hace sentir de muy mala leche, entonces le enseño mi radiografía y le digo "Puedes". Si se quiere.
Importante tras correr es estirar bien, incluso los días de descanso. Al igual que importante es recuperar los músculos a base de frío. No es necesario hielo, una buena bolsa de guisantes es más que suficiente junto con un poquito de crema para las inflamaciones.
E importante un masaje semanal. No equivocarse, un automasaje de unos diez minutos por pierna es más que suficiente para evitar sobrecargas.
En definitiva he aprendido a cuidarme. Tener que parar una semana de hacer algo que te gusta porque tu cuerpo no lo permite es duro. No saber si lo permitirá es incierto. Pero no saber si nos los permitimos nosotros es triste.
Hoy he corrido unos 8km a un ritmo de cinco minutos y medio de media. A partir de mañana comienzo a tomar un complejo vitamínico hasta el mes de agosto, ya que intensificaré los entrenos en las vacaciones.
Mis tiempos no son destacables. Mi interés por lo que hago e informarme me hace superior al resto en cuanto a felicidad. Correr no es lanzar una pierna tras otra, son ganas de levantarse de la cama cada mañana para superarse a sí mismo.
A correr!
domingo, 9 de junio de 2013
...329,330, dorsales consecutivos, vidas consecutivas
...329
Llevamos dos kilómetros escasos, lentos, doce minutos de carrera. Laura corre a mi lado muy desmotivada. Aún nos quedan más de 5´5km y viene a mi cabeza alguna de aquellas veces en la vida en la que uno se da cuenta que no todo será un camino de rosas.
Me cuesta frenar el ritmo. Estoy fuerte. Quiero bajar de los 40´.
Pero no. Hoy acabamos juntos.
Desde el principio, al llegar a Almendralejo ha sido una situación incómoda. He orinado 6 veces en los 45 minutos antes de la carrera. Apenas he bebido, se deberá a una broma absurda del cuerpo que ha ido reteniendo mis cafés y sorbos de agua de la última semana para el momento más inoportuno. Hace frío ¿15 grados? y además, a ratos, caen algunas gotas de lluvia. Sinceramente, no me apetecía nada correr casi 8km.
Pero hoy no habrá concesiones. Hay que acabar.
Recuerdo una mediodía de hace unos cuatro meses. Por momentos pensé que mi vida iba a cambiar de nuevo. Una caída fuerte en el trabajo dio con mi espalda en el suelo, con lo que eso supone para mi escoliosis intervenida. Estaba tumbado en la cama, ella al lado, intentando expulsar el dolor como fuera. Imposible.
Habría de durar el dolor un par de meses, a la par que el miedo. Estaba empezando a correr, iba a montar en bici a pesar del dolor. Hoy recuperado, mitigo el mínimo dolor muscular o de rodilla con la mente. Hoy, apenas recorridos 4km del Cross Ciudad de Almendralejo me duele la rodilla, el maldito tendón rotuliano, y Laura tiene más tesón que fuerzas. Vamos en la cola, aunque vamos robándole terreno a la ambulancia.
¿Cuántas tonterías llevo dichas durante la carrera? Laura se rie de vez en cuando. Sigo motivándola así, a base de charla, tonterías varias y hablar con el público. Llegamos tarde a la primera vuelta pero llegamos.
La vida es uno solo, está comprobado. Y como mucho dos. Y el dos lo pierdo a veces en la carrera, miro hacia atrás y la espero. Pienso que va a costar un huevo terminar, pero se terminará. Algunos han abandonado en la parte trasera de la carrera, por lo que la ambulancia acelera y se pone tras nosotros. ¿Los últimos? Vaya. No lo merecemos. Hemos visto otros corredores y sabemos que no debemos ser los últimos, solo que falla el factor motivación. Tampoco nos importa, no es una carrera popular en sí, a juzgar por el nivel visto en la línea de salida.
Seguimos.
Hemos tomado algún gel y me siento fuerte.
-Vete hacia adelante.
-No. Vamos a acabarla. Y entrar de la mano en meta.
Mi vida hace dos años, antes de conocer a Laura era todo lo sedentaria que puede imaginarse. Sin llegar a tener sobrepeso, mi cuerpo apenas aguantaba subir unas escaleras más largas de lo habitual. Si yo estoy corriendo hoy aquí, en el circuíto más feo que se pueda imaginar es porque ella me ha inculcado el valor del deporte.
Y ahora somos un equipo. Y repasando la vida de todos y cada uno de los miembros del CDRialto que hace un tiempo no practicaba Running el cambio ha sido sustancial. Más alegría, energía, libertad.
Laura camina algunos segundos al paso que yo corro.
-¡Vamos id corriendo!
Lo grita un señor excesivamente obeso desde un coche. Le contesto algo muy por debajo de mi deseo, por educación. Sobretodo porque estos 8km de hoy significan la lucha contra ese tipo de personas conformistas que se obstinan en torcer su vida y cuerpo y además en tratar de empujar hasta sus dominios grasos al resto de sobrevivientes. Siento pena por los niños que van en ese vehículo. Yo fui uno de esos niños al margen de la salud mental del deporte. Hoy arrastro a mis sobrinos a un destino saludable, deportivamente hablando.
¡Pero si ya no queda nada!
Nos nos queda nada. Poco más de un kilómetro. No me he callado durante toda la carrera, lo que significa que podría haber arañado muchos minutos al tiempo de 46´que finalmente vamos a hacer. Pero la ocasión lo merecía.
Enfilamos la meta.
Entramos de la mano. En alto.
Tal cervatillos de Disney. Igual.
y ¡Fin!
No todo correr es ir rápido. A los propósitos de uno mismo a veces se llega a pasos cortos.
En cuanto al conjunto del CdRialto, el XVIII Cross Ciudad de Almendralejo 2013 ha significado nuestra primera carrera de una categoría mayor a nivel regional. En categoría benjamín Neftalí Quintana ha luchado por terminar su carrera, uniéndose así a sus primeros pasos en el running. En infantil, Sergio Quintana y Victor Rosado han acabado 4º y 6º respectivamente. Roberto Rosado, de categoría cadete, ha terminado 4º a apenas dos segundos de subir al podium. Pedro Ceballo, categoría Junior ha conseguido un buen tiempo, terminando los 7´7km en 35´.
Hasta la próxima!
Pd: Por supuesto, tras la carrera, volví a orinar un par de veces y dimos debida cuenta de una buena cena en nuestro patrocinador Tapería Rialto Mérida (Montealto)
VIDEO DE LA CARRERA
domingo, 2 de junio de 2013
...308 y un ángel aparecido de la nada
...308
No hay dolor. El dolor precede a los nervios, a la inseguridad, al ánimo. En el momento justo que el juez toca su silbato el dolor se concentra en las piernas ajenas. La adrenalina lo es todo. También la -poco a poco- conseguida -y relativa- veteranía.
CDRialto
Suena el pistoletazo de salida y me coloco en la parte trasera, a sabiendas de que 5km dan para mucho. El circuito por las calles de Talavera es extraño, demasiadas rectas que incitan a caer en la monotonía. Opté por correr sin música, me niego, quiero sentir a la gente, las pisadas y mi cuerpo. Prefiero dejar la música para los entrenamientos.
A pocos metros de la salida, una curva cerrada de izquierda genera un embotellamiento que frena y estira el grupo. Me quedo rezagado, pero no me importa. Quiero acabar mi primera popular 5km, apaciguar el daño de aquél primer dorsal 264 de hace diez meses.
Conforme vamos deborando metros empiezo a adelantar a los valientes. Ir progresando velocidad y puestos siempre es un extra de motivación. A los tres minutos de carrera ya estoy deseando que se acabe, pensar que quedaban más de veinte era desolador. Aún así, corregí la zancada, y a pasito a pasito corto conseguí dar mi primera vuelta.
Si algo he repetido hasta la saciedad es el compañerismo que existe en el mundo del atletismo (alguien comparte su fruta contigo, alguien que ha acabado cinco minutos antes se queda a aplaudirte) por eso me gusta animar a quienes adelanto. Incluso freno un instante para que se enganchen, pero al momento miras para atrás y no hay nadie. Como si hubieras animado una especia de fantasma surgido de tu cabeza o tal vez, los fantasmas internos de cada uno le hacen abandonar o no controlar el dolor y su cuerpo. En un par de ocasiones durante esta carrera he mordido alguno de mis dedos con ganas para no sentir el dolor de espalda o "patas". Es conocido eso de que no hay mejor método contra el dolor de cabeza que una patada en la espinilla.
Realmente no creo que sea dolor. No es dolor lo que se siente en mitad de carrera. Es una especie de suplicio placentero. Avanzada la segunda vuelta al circuito adelanto a un chico que hace unos minutos me ha pasado como un rayo. Cruzamos unas palabras, y durante un centenar de metros corremos juntos, aunque vuelvo a cambiar la zancada.
Corro mal. No se correr. Debido a mi escoliosis, el cansancio me lleva a una postura extraña y forzada. Pero disfruto enormemente cambiando a mi zancada corta constante que come la moral de quien te sigue. Quizá esté mal decirlo, pero disfruto comiéndole la moral al 48 en la lucha por el puesto 47, o más...
A partir de aquí me ocurrió una de las cosas más bonitas que sentí corriendo. Casi todo el circuito corrí solo. Las calles se hacían enormes lenguas de fuego. En la parte final, coincidimos un señor de negro de unos 45 años, un niño de unos diez al que llamaré Gavroche (por su parecido al personaje de Los miserables) y yo.
Gavroche, personaje de Les Miserables.
Cuando el hombre de negro intenta escapar, lo cogemos. Cuando Gavroche se escapaba, me servía de liebre y el hombre de negro se desfondaba. ¡Que placentero oír como se pierden los pasos de tu rival tras de tí!
Ninguno de los tres corría en la misma categoría, de hecho, el niño no debería estar corriendo entre los adultos, pero ha decidido hacer la distancia grande y es de aplauso. A intervalos, Gavroche se queda pero freno y lo animo, ¡no pares! No habla, me mira y sigue corriendo. Se que estoy aprovechándome de él como liebre, incitándome su ritmo a esforzarme. Miro el reloj e intuyo que haremos un buen tiempo.
¡No pares! Vuelvo a gritarle. Al fin y al cabo me marca el ritmo, me ayuda, es un ángel aparecido de la nada.
Llegamos a la Plaza de España muertos. Los tres sabemos que es una batalla generacional. Quedan dos curvas para la meta y aceleramos. Tomo la cabeza, aunque el hombre de negro no tarda en darme alcance con sus enormes piernas, por lo que solo me queda gritar y desfondarse. En la última curva miro atrás y voy solo. Gavroche intenta respirar, parado.
De eso nada.
Vuelvo a animarle. Sé que parar me hará tener menor tiempo pero ese niño tenía que acabar. Saca fuerzas de flaqueza y se une a mi en la linea de meta. La gente anima y freno. Paso bajo la meta andando y dejo que entre él primero. Lo merece, me ha llevado en volandas cuando más lo necesitaba. Ahora le tocaba a él.
El atletismo es ésto y muchas otras cosas si se quiere.
Lo busco entre la gente y lo felicito. Su madre se queda atónita, seguramente su madre no entienda jamás nada de ésto que se siente. Supongo que se siente lo mismo en mitad de un campo de batalla. En lo alto del Everest bajo una tormenta.
Volvemos contentos. Estrenábamos equipaciones de lo que poco a poco intentaremos que se convierta en el CD Rialto. En la Kiosad Nocturna de Talavera la Real volvemos con cuatro trofeos en categorías Junior, Cadete e Infantil.
A seguir!
No hay dolor. El dolor precede a los nervios, a la inseguridad, al ánimo. En el momento justo que el juez toca su silbato el dolor se concentra en las piernas ajenas. La adrenalina lo es todo. También la -poco a poco- conseguida -y relativa- veteranía.
CDRialto
Suena el pistoletazo de salida y me coloco en la parte trasera, a sabiendas de que 5km dan para mucho. El circuito por las calles de Talavera es extraño, demasiadas rectas que incitan a caer en la monotonía. Opté por correr sin música, me niego, quiero sentir a la gente, las pisadas y mi cuerpo. Prefiero dejar la música para los entrenamientos.
A pocos metros de la salida, una curva cerrada de izquierda genera un embotellamiento que frena y estira el grupo. Me quedo rezagado, pero no me importa. Quiero acabar mi primera popular 5km, apaciguar el daño de aquél primer dorsal 264 de hace diez meses.
Conforme vamos deborando metros empiezo a adelantar a los valientes. Ir progresando velocidad y puestos siempre es un extra de motivación. A los tres minutos de carrera ya estoy deseando que se acabe, pensar que quedaban más de veinte era desolador. Aún así, corregí la zancada, y a pasito a pasito corto conseguí dar mi primera vuelta.
Si algo he repetido hasta la saciedad es el compañerismo que existe en el mundo del atletismo (alguien comparte su fruta contigo, alguien que ha acabado cinco minutos antes se queda a aplaudirte) por eso me gusta animar a quienes adelanto. Incluso freno un instante para que se enganchen, pero al momento miras para atrás y no hay nadie. Como si hubieras animado una especia de fantasma surgido de tu cabeza o tal vez, los fantasmas internos de cada uno le hacen abandonar o no controlar el dolor y su cuerpo. En un par de ocasiones durante esta carrera he mordido alguno de mis dedos con ganas para no sentir el dolor de espalda o "patas". Es conocido eso de que no hay mejor método contra el dolor de cabeza que una patada en la espinilla.
Realmente no creo que sea dolor. No es dolor lo que se siente en mitad de carrera. Es una especie de suplicio placentero. Avanzada la segunda vuelta al circuito adelanto a un chico que hace unos minutos me ha pasado como un rayo. Cruzamos unas palabras, y durante un centenar de metros corremos juntos, aunque vuelvo a cambiar la zancada.
Corro mal. No se correr. Debido a mi escoliosis, el cansancio me lleva a una postura extraña y forzada. Pero disfruto enormemente cambiando a mi zancada corta constante que come la moral de quien te sigue. Quizá esté mal decirlo, pero disfruto comiéndole la moral al 48 en la lucha por el puesto 47, o más...
A partir de aquí me ocurrió una de las cosas más bonitas que sentí corriendo. Casi todo el circuito corrí solo. Las calles se hacían enormes lenguas de fuego. En la parte final, coincidimos un señor de negro de unos 45 años, un niño de unos diez al que llamaré Gavroche (por su parecido al personaje de Los miserables) y yo.
Gavroche, personaje de Les Miserables.
Cuando el hombre de negro intenta escapar, lo cogemos. Cuando Gavroche se escapaba, me servía de liebre y el hombre de negro se desfondaba. ¡Que placentero oír como se pierden los pasos de tu rival tras de tí!
Ninguno de los tres corría en la misma categoría, de hecho, el niño no debería estar corriendo entre los adultos, pero ha decidido hacer la distancia grande y es de aplauso. A intervalos, Gavroche se queda pero freno y lo animo, ¡no pares! No habla, me mira y sigue corriendo. Se que estoy aprovechándome de él como liebre, incitándome su ritmo a esforzarme. Miro el reloj e intuyo que haremos un buen tiempo.
¡No pares! Vuelvo a gritarle. Al fin y al cabo me marca el ritmo, me ayuda, es un ángel aparecido de la nada.
Llegamos a la Plaza de España muertos. Los tres sabemos que es una batalla generacional. Quedan dos curvas para la meta y aceleramos. Tomo la cabeza, aunque el hombre de negro no tarda en darme alcance con sus enormes piernas, por lo que solo me queda gritar y desfondarse. En la última curva miro atrás y voy solo. Gavroche intenta respirar, parado.
De eso nada.
Vuelvo a animarle. Sé que parar me hará tener menor tiempo pero ese niño tenía que acabar. Saca fuerzas de flaqueza y se une a mi en la linea de meta. La gente anima y freno. Paso bajo la meta andando y dejo que entre él primero. Lo merece, me ha llevado en volandas cuando más lo necesitaba. Ahora le tocaba a él.
El atletismo es ésto y muchas otras cosas si se quiere.
Lo busco entre la gente y lo felicito. Su madre se queda atónita, seguramente su madre no entienda jamás nada de ésto que se siente. Supongo que se siente lo mismo en mitad de un campo de batalla. En lo alto del Everest bajo una tormenta.
Volvemos contentos. Estrenábamos equipaciones de lo que poco a poco intentaremos que se convierta en el CD Rialto. En la Kiosad Nocturna de Talavera la Real volvemos con cuatro trofeos en categorías Junior, Cadete e Infantil.
A seguir!
...308
308...y 309, 329, 330...
Una noche perfecta.
El grupo va creciendo e incluso estrenamos equipaciones cedidas por Tapería Rialto Mérida. La verdad que la Carrera Nocturna Kiosad de Talavera la Real no se presentaba como la mejor opción para disfrutar. Nos recibieron ¿miles? ¿millones? de mosquitos y un circuito con demasiadas rectas y largo como una tarde de Agosto. Aún así, tuvimos problemas en la vuelta, ya que al coche le costaba cargar con tantos ¡trofeos!
En cadetes, Roberto Rosado consiguió el primer puesto con diferencia. Tras tantos cuartos puestos necesitaba dar ese paso de confianza. Compartía carrera con los infantiles, donde llegó Sergio Quintana segundo y Victor Rosado tercero. Unos minutos muy emocionantes, ya que el recién nacido Club Deportivo Rialto acaparaba todos los gritos y primeros puestos.
Ya entrada la noche, nos tocó a los absolutos. Mucho nivel. Poco sobrepeso. En fin y sin esperarlo, volvimos a mojar sin saberlo hasta el mismo podium en el que nombraron a Pedro José Ceballo como tercero en categoría Junior.
Cuatro premios que saben a gloria. Que incitan a seguir entrenando tarde tras tarde en el campo. A seguir animando a los muchachos. A motivarlos. Y el orgullo de saber que todos éstos estaban allí cruzando la meta por mis ansias de arrastrar a la gente a hacer deporte y a disfrutarlo.
Toca plantearse formar un grupo serio y entrenar. Por algo fuimos tras el ACB Badajoz quienes más premios coparon.
Una noche perfecta.
El grupo va creciendo e incluso estrenamos equipaciones cedidas por Tapería Rialto Mérida. La verdad que la Carrera Nocturna Kiosad de Talavera la Real no se presentaba como la mejor opción para disfrutar. Nos recibieron ¿miles? ¿millones? de mosquitos y un circuito con demasiadas rectas y largo como una tarde de Agosto. Aún así, tuvimos problemas en la vuelta, ya que al coche le costaba cargar con tantos ¡trofeos!
En cadetes, Roberto Rosado consiguió el primer puesto con diferencia. Tras tantos cuartos puestos necesitaba dar ese paso de confianza. Compartía carrera con los infantiles, donde llegó Sergio Quintana segundo y Victor Rosado tercero. Unos minutos muy emocionantes, ya que el recién nacido Club Deportivo Rialto acaparaba todos los gritos y primeros puestos.
Ya entrada la noche, nos tocó a los absolutos. Mucho nivel. Poco sobrepeso. En fin y sin esperarlo, volvimos a mojar sin saberlo hasta el mismo podium en el que nombraron a Pedro José Ceballo como tercero en categoría Junior.
Cuatro premios que saben a gloria. Que incitan a seguir entrenando tarde tras tarde en el campo. A seguir animando a los muchachos. A motivarlos. Y el orgullo de saber que todos éstos estaban allí cruzando la meta por mis ansias de arrastrar a la gente a hacer deporte y a disfrutarlo.
Toca plantearse formar un grupo serio y entrenar. Por algo fuimos tras el ACB Badajoz quienes más premios coparon.
Roberto Rosado 1º Cadete.
Sergio Quintana 2º Infantil
Club Deportivo Rialto
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

