lunes, 27 de agosto de 2012

...264


264; la primera.

Nunca formé parte de ninguna competición física, ni mostré demasiado interés por ello. La vida en sí coloca tus aspiraciones psíquicas acorde a las físicas, o al menos eso creo yo. Siempre renegarás públicamente del deporte si no predispones tu cuerpo a ello.
      Yo he sido uno de ellos.
      Mi primer dorsal ha llegado un cuarto de siglo después, el 264 del XVII Fondo Popular de Mérida y con mucha ilusión. No he llegado en el mejor estado, ya que los dolores me han comido la moral durante la última semana de entreno. Tampoco los nervios me han ayudado a disfrutar plenamente del ambiente de una carrera como esta.
      Fuera de sitio.
      El atletismo es un deporte muy amigable y yo llevo apenas dos meses corriendo, por lo que con amigos dentro de él no puedo contar. Eso me convierte en un corredor solitario, ni bueno ni malo, pero la soledad influyó sobremanera durante la carrera.
      Descuidé el calentamiento, incluso me sorprendió el pistoletazo de salida sin estar casi en posición. Todo por que mi cabeza andaba sumando músculos, masas, cuerpos y me coloqué en la parte media en la meta de salida. Calculando mi situación entre los fibrosos atletas de la parte delantera y los populares de la parte trasera.
       ¡Salida!
        Una salida muy bronca. A pocos metros la vía se estrecha y se convierte en arena y parches de alquitrán. Nos cuesta una barbaridad no pisarnos los unos a los otros, aunque mantengo mi posición. Empiezo a notar equivocaciones, no puedo permitirme el lujo de seguir el ritmo ajeno. Llevo apenas cien metros y las piernas avisan a la vez que llegamos al principio del puente romano, donde por arte de magia el grupo de delante acelera considerablemente, pierdo las referencias y empiezo a ser adelantado.
     A mitad del puente ya he aprendido que debo hacer mi carrera.
     No respiro bien. No consigo hacer estrategia. Me siento demasiado solo.

     No engancho con nadie, lo que me hace perder referencias. Es interminable, aunque se sale de él. Tal vez me pierde mirar dos o tres veces hacia atrás y comprobar que la cola no está tan lejos. Sé que mi lugar debería ser más retrasado, al menos eso pienso al mirar el cronómetro.
      Hay que seguir.
      Me hace bastante ilusión atravesar el puente Lusitania corriendo, un asfalto difícil de pisar si no es en estos casos. Igualmente, continúo solo, salvo algún runner por delante y alguno aproximándose por detrás. Al enfilar la primera pasada por la meta me siento bastante incómodo, no me gusta pasar entre el barullo de público ni consigo ver a nadie conocido que me dé ánimos para seguir.
    
       En cuanto a tiempos, genial, si consigo hacer en el mismo tiempo en la segunda vuelta haré sobradamente record personal. Señal de que no me he dosificado para la última parte de la carrera.
        Entonces, en una tarde de running en la que no había pensado nada –ni mantras, motivaciones, ni estrategia, nada- empiezan a surgirme las preguntas. Y siento cerca de nuevo el puente romano, tan largo y solitario. Y no vuelvo a pisarlo. No continúo la segunda vuelta.
         Me tiro al césped y por más que busque escusas, no las hay. Están en mi cabeza. Es ya en la meta, viendo llegar al resto de corredores cuando me doy cuenta que corría en tierra de nadie, entre el grupo de los expertos y el de los corredores al uso y que no habría estado mal en la segunda parte de la carrera de haber terminado.
         Tenía demasiado miedo a ser el último, sin ser consciente de que mi posición no era mala. Y recuerdo tarde ya las palabras de mi pepito grillo en esto del Running -el ironman Falcón-“el último es el que se ha quedado en el sofá”.
         He pagado la novatada, primera lección. La segunda y más importante, una vez que has entrenado para  correr un 5000m de nada valen las piernas, todo es cabeza.
                                                 Con mi sobrino Sergio apoyándome.

         Ahora, tengo ya en la cabeza la próxima.
         Porque la sensación de sufrir, la sensación de correr, es sumamente diferente.

¿Y tú, por que no corres?

...¿Por qué correr?
Bienvenidos a...
                                                                     ¿Y tú por que no corres?

Llevo dos meses y medio corriendo, no por casualidad. Se debe tener mucha fuerza de voluntad para calzarse las zapatillas varios días a la semana, ser metódico y al fin y al cabo, completar una vida sana. Claro está, mi condicionante tiene nombre de mujer.
Sea lo que sea lo que te empuje puerta afuera bueno es.
Siempre que comienzo una nueva afición o reto -que suelen ser muchas- de primeras siento resquemor a que pueda resultar inútil, incluso la mayoría de veces a ser reprobado por el resto. Tengo cierta tendencia a profesionalizar todas mis aficiones hasta destruirlas; así agoté hasta un tiempo indeterminado mi vena fotógrafa o retomo a intervalos la escritora. 
Si bien, correr tiene unas benditas consecuencias secundarias. No es un trabajo, es una inversión de salud y futuro.
Tras cada entrenamiento siento una enorme satisfacción. Jamas de los jamases practiqué deporte; aunque apuesto el cuello a que ningún niño fue espectador de tantas horas de ciclismo, JJOO y campeonatos mundiales como yo.
Creo que la trasmisión televisiva de cualquier deporte causa un enorme efecto terapéutico. No nos engañemos, la mayoría de nuestras vidas son demasiado comunes, más quisiéramos todos disfrutar de nuestro trabajo plenamente, por lo que en los intervalos de tiempo que somos consciente de ello, necesitamos del ocio para enmendarlo.
He descubierto en la práctica de Running una terapia aún mayor. No lo digo yo, si no quien conmigo vive. La mente más despejada, activa. El running incluido en la rutina vital -comer, dormir, trabajar- como complemento de relax. Pienso que de igual manera actuará cualquier otro deporte sencillo y solitario como éste -yoga, ciclismo, caminar-. Si algo he comprobado en estos últimos meses es que mi irascibilidad es menor, mi autoestima mayor y por supuesto, las sensaciones físicas cada vez mejores.

¡Sin olvidar la mente!Una vez conocida con certeza la propia personalidad, tratando la propia vida con la misma responsabilidad con la que habría de hacerse con cualquier empresa, uno se da cuenta de que la inmensa mayoría de los problemas vienen del exterior, de la personalidad ajena. No hay que olvidar que hay mucha mentalidad dañina ahí fuera y correr; el simple hecho de extenuarse hasta no escuchar más que las propias fatigas y pensamientos lo hace a uno mismo aislarse de manera útil de todo cuanto nos descoloca en la rutina.
No soy partidario del uso de medicamentos, por empecinamiento propio -veo dañino introducir química en mi cuerpo por un simple dolor de cabeza- pero si que uso el ocio como terapia. Por ello, comienzo a escribir un nuevo blog igual que escribí otros en su tiempo. Por que escribir es el alma mater de mis terapias y literatura y deporte irán ligado en él.
No pretendo ser leído como en el anterior -aunque sí que se me ocurren proyectos interesantes, tiempo al tiempo y con ayuda-si no hacer inventario de una promesa. Hace un tiempo prometí a alguien especial que si hacia todo lo posible por salir de una dichosa enfermedad, si sprintaba en la penúltima cuesta, yo corría la media maratón de Mérida allá por Marzo de 2013.
Sonrió.
Ahora toca correr.


¿Y tu, porque no corres?