lunes, 25 de noviembre de 2013

...dorsal 33; con la espada entre los dientes




...dorsal 33 o sesenta segundos de fama;


                     Todo apuntaba a que no voy a competir, pero llegar a las inmediaciones de la Espada Toledana y verla desde la acera no es propio de cabezones como yo. Llevo una semana maldiciendo el catarro e intentando descargar los tibiales a contrarreloj. Nada como la adrenalina de pisar suelo competitivo y un buen café solo para olvidar los dolores.

                      Voy a finalizarla, sin más.

                       La salida es todo un lujo, Álvaro Martín, Marc Tur, Diego García Carrera, Ivan Pajuelo, Paco Arcilla... Además de mis más que conocidos Leo Toro y Miguel Periañez. El pistoletazo lo da un mítico del ciclismo, Federíco Martín Bahamontes (con el que me faltó la fotografía).


                         


                        Cada vez se hacen más cortos los 5km. Toca disfrutar de ver marchar a los grandes, es un lujo ser espectador de primera mano.


                     

                            Junto al gran Álvaro Martín Uriol.


                        Y así habrá de pasar la carrera hasta el kilómetro 4´7.

                        Es una noche cerrada, oscura y fría. A falta de la mitad de la última vuelta me separan apenas veinte metros de mi rival más cercano. Tengo un ligero dolor de flato y pienso que no voy a cogerlo. Hará unos diez minutos que han entrado los ganadores y la meta va tragándose poco a poco a los participantes.

                         No se que pasa en mi cabeza. Tal vez el cansancio. Pierdo la marcha, troto y freno. El contrincante del ADMarathon se me escapa unos metros más. Algo ocurre. Voces conocidas desde el público me gritan que ni se me ocurra parar a falta de apenas 300m para finalizar. Pero no, esta vez a falta de 300 metros falta lo mejor. No ocurrirá como en Alvaiázere, que a falta de esta distancia quedé eliminado.

                          Son dos segundos parado. Las piernas se relajan.

                          Doy la vuelta a mi gorra, como hacía mi admirado Jefferson Pérez.

                          Y seguramente jamás volveré a hacer un sprint tan emocionante como ese.

                          El speaker se fija en ello y mi nombre empieza a sonar por megafonía. El hombre se vuelca con el momento y pide aplausos entre el público, que responde. En nada adelanto al marchador que iba persiguiendo, es increíble como empuja el público a la altura del escenario, donde se sitúa la curva que precede a la recta de meta. Voy más que motivado, con la espada entre los dientes.

                           Veo caras desconocidas, que animan y jalean. Conocidas, que parecen sorprendidos con mi reacción en los últimos metros. Incluso los jueces animan a que siga así hasta el final. Es de agradecer.

                             Las piernas no dan para más, miro hacia atrás y si me relajo vuelve a cogerme, por lo que vuelvo a apretar el paso. Veo a Laura correr entre el público, instándome a seguir, aunque no escucho nada, tampoco las palabras del speaker que se afana en repetir mi nombre.




                             Poco más de un minuto de fama.

                             ¿Había sido aburrida la cabeza de carrera?

                             Sin duda el momento más emocionante de mi corta carrera deportiva. El de más intensidad.

                             Los extremeños teníamos que dar guerra hasta el final. Hasta los últimos instantes de la Espada 2013. Como el último fuego artificial con el que uno sabe que finaliza la fiesta. Como la vela sobre el pastel que se afana en no apagarse.

                             Joder, soy lento. Pero el día que sea rápido levanto las masas. Já!





Pd: Gracias a toda esa gente no conocida, y a la que sí. A Laura, Raúl y Fátima, Javi Monterrubio y a su madre que empujaba en las zonas frías del circuito, al gran Juan Méndez, a Leo Toro, a Miguel Periáñez que es un padre, y tantos y tantos que son la gran familia de la marcha.




                             Junto a los tres grandes de la marcha extremeña.
                             Leonardo Toro, Álvaro Martín y Miguel Periañez.


                    Solo Laura García sabe cuan importante es la marcha en nuestras vidas. En nuestro futuro inmediato. Ya lo he comentado, gracias a los éxitos de Álvaro Martín sentí interés por la marcha. La primera mano tendida fue la de Miguel, que siempre aconseja como un padre. Y seguidamente, la de Leo Toro, que resuelve gran parte de mis dudas y miedos. 

                      Gracias. 







lunes, 18 de noviembre de 2013

...532; volver a correr



...dorsal 532 o un paseo por las nubes;


                               Hace un par de meses de mi última carrera running y la verdad, que en plena meta del Cross Dip. Cáceres ganas de repetir no entran. Hace frío mientras el sol quiere, aunque en el momento de mi salida ha salido con ganas e incluso empieza a sobrarme la camiseta técnica.

                                Tampoco es necesario que corra ¿no? El gran José María Pámpano me incita antes de la salida...

                                 La primera cuesta se hace eterna. Correr un cross es lo más parecido a un sálvese quien pueda en mitad de una guerra. De repente ves correr gente por izquierda y derecha cuesta arriba. Y al llegar a lo alto nada de encontrar la salvación, si no un circuito en tobogán con curvas que sin llegar a hacerse largo puede desquiciar un poco.

                                  En el campo es imposible tomar referencias de tiempos... Aunque que mejor referencia que ir a rueda de Laura Randos, con la que ya corrí aquella Milla en Sta.Marta y me fue fenomenal. Acuso haber dejado la carrera por la marcha tajantemente, por lo que Laura se me escapa unos treinta metros. Me motiva ver que detrás quedan algunos corredores, sin acabar de fiarme.




                                  Me siento bien. Hiperventilo porque quiero, y lo corrijo. Bajo el ritmo porque quiero, y lo corrijo. Será la falta de costumbre o el paseo por las nubes cacereñas lo que hace que me despiste.

                                    Cuando el circuito empieza a picar hacia abajo, el veterano del Capex José Silva parece acercarse. Empiezo a tomar como referencia a la corredora que llevo una veintena de metros por delante y a tomar las curvas con decisión, la hierba no está resbaladiza. Aprovecho los montículos de tierra para coger impulso y ganar al menos un metro más por salto.

                                     Una vez metido en verea lo termino disfrutando. Bajar la cuesta final controlando la retaguardia, triunfante de haber dejado algunos corredores detrás. Los gritos de ánimo de los atletas a los que entreno, ensordecedores al chocar todas sus manos.

                                     El objetivo correr en torno a 9´. Tiempo final: 2km 8´38




                                     Contento.

                                     Nada más salir de meta me encuentro con el bueno de Houssame Benabbou, que mira mi tiempo...

-Bueno, lo tuyo es la marcha.

                                     Que genio. Nos haría disfrutar después con su victoria en el cross largo.
                             
                                     Me quedo con los gritos de mi equipo. Con la lección de Pámpano, que me ganó por algo menos de un minuto. O con la carrera que me pegué junto al circuito en los últimos doscientos metros de mi sobrino Roberto, alentándolo a morir, esquivando a gente hasta que el público de meta me tragó y no pude seguir corriendo.

                                      No se si lo mio es la marcha. Gustarme me gusta y correr con técnica me va costando (corro entrando de talón y piernas muy rectas, taras de la marcha). Aunque siempre queda la duda de cuanto bajaría mis tiempos en carrera...

                                       Toca otra batalla. La espada toledana. Imposible de conseguir, pero alguno degollaremos por el camino.














domingo, 10 de noviembre de 2013

...87; lo mejor y lo peor



   ...dosal 87; mejorar o la primera descalificación.


                    Alvaiázere es una tierra encantada. Bosques. Casas bajas con techos a dos aguas en las que no pasaría una noche. Perros. Ancianos. El último lugar del mundo en el que uno imagina que podría practicar marcha.

                     Me motivan los pequeños detalles. Recibo el dorsal con el año de mi nacimiento. Es día 9, fecha especial personal y tengo buenas sensaciones. Además, de un pequeño pique con un compañero del equipo extremeño que me motiva especialmente.





                     Salgo a buen ritmo. Tanto, que por un centenar de metros no abandono la cabeza de carrera. Poco a poco los ritmos va poniendo a cada uno en su sitio. El circuito es cómodo, ya que los jueces se sitúan en las curvas y el resto son buenas rectas sin apenas repechos que fomentan la velocidad. Lo disfruto y sigo durante kilómetro y medio la estela de un buen veterano portugués, Leitao.






                          El segundo paso por meta (1km) es rápido para mi, ya que igualo mi mejor marca personal en un único kilómetro, aunque en el segundo kilómetro comenzaré a bajar el ritmo. Comienzo a ver amonestaciones (2km), algunas más (3km)... Me crezco al ver que mi paso por el 3000 es 2 minutos inferior a aquella carrera en Monesterio.

                           Parecía imposible hace unos meses. Aquél marchar casi ortopédico. Renqueante. Los entrenamientos van surtiendo efecto a nivel físico y mental. Ya no es mi cabeza la que trabaja en las carreras, ya que solo me embarga el pundonor y los pasos de quien me persigue y al que he prometido enseñar el trasero durante toda la prueba.

                            Antonio me persigue unos metros más o menos durante toda la carrera.





                            Es bonito escuchar tu nombre jelado por voces portuguesas.

                            Llevo unas seis vueltas sin mirar la pizarra y me percato de que tengo dos amonestaciones subidas. Dilema: Si freno, adiós tiempo. Si freno, pierdo mi afrenta personal (sólo mía, a él poco le preocupa que yo quede delante o detrás de él) con Antonio. Intento corregirme ante los jueces, falta un kilómetro y al llegar a la altura de uno que me ha amonestado en dos ocasiones lo veo hacerle algunos gestos al juez siguiente. Lo veo doblar la rodilla y señalar. Cuál es mi sorpresa, que el juez al que le hacen las señas varía su posición una treintena de metros y viene directo a mi paleta en mano:



                                 ¿Perdonen? Por flexión, de acuerdo. Pero ¿por despegar? ¿a un ritmo de 6´25/km? No contentos con el soplo de uno a otro, éste no se entera. Me encojo de hombros y le pregunto pero... Sé que no entro correctamente de talón porque tengo algunos tendones del pie dolorido y entiendo las amonestaciones. Pero no así.

                                  Sigo. Me sirve para sacar fuerzas de flaqueza y Antonio está cerca. Encaro la meta para la última vuelta. Con suerte finalizo con mejor marca personal. Tiro cuanto puedo de brazos y piernas. Llego a la altura de los "compinches" y no puedo resistirme:

-Tranquilo. Que es la última vuelta.

                                   No debo. Pero los ganadores ya han entrado. ¡Déjenme terminar!
                                 
                                   Me faltan 150 metros.

                                   Voy a bajar de 32m.

                                   Tarjeta Roja.

                                   ...

                                   Intento seguir, para saber si puedo bajar de los 32 minutos, pero al momento me arranco el dorsal y salgo del circuito. No es justo que aunque esté eliminado yo entre delante de Antonio. Él ha sabido competir. Ha perseverado y sabido aguantar a que acumulase tarjetas. Mal por mi parte que podría haber marchado junto a él, a su estela, asegurándome no ver tarjetas y atacándole en los últimos cien metros.

                                    Pero me ha podido el ansia del reloj.

                                    A pesar de todo. Me siento orgulloso, porque por ver primera me he sentido marchador y el resto reconocen la mejoría. En una sola carrera he sentido lo mejor y lo peor desde que hago marcha, que apenas son unos meses.

                                     Toca pensar en las próximas:

-Cross Corto Dip. Cáceres.
-Espada Toledana Marcha
-Trofeo Pista Llerena Marcha.

                                      Una vez más, gracias Portugal.




Pd: Finalmente, pudimos acabar 3º por equipos. Trofeo que conservo en casa. Gracias! Leo Toro finalizó segundo en la general y 1ºen veteranos. Antonio Polo 2º en su cat. de veteranos. La pequeña Almudena Quejido 1ª y Laura Vazquez 3ª en sus categorías. En senior femenino, Laura García finalizó 5ª.
Muchas gracias por el acogimiento a la familia portuguesa y por la estupenda cena. Delicioso frango. Gracias Salomé por los ánimos.  Y gracias al manager de CAExtremadura/Espanha por ser tan estupendo.